En este reporte de lectura sobre las primeras 70 páginas del libro Eclesiogénesis de Leonardo Boff, trataré de presentar a grandes rasgos los elementos esenciales que caracterizan a las comunidades eclesiales de base. De entrada hay que destacar que las comunidades eclesiales de base surgen como una reacción a la sociedad moderna organizada que mantienen a las personas en el olvido, es decir no las toman en cuenta por hacer énfasis en el grupo y no en el individuo. Del mismo modo surgen por la jerarquización de la gran Iglesia Institución, la cual da poca participación e importancia a la mayor parte de los miembros de la misma.
Pero aparte de estas dos realidades hay otra realidad de bastante peso para que las comunidades de base surgieran, y es el hecho de que no todos los sacerdotes podían llegar a los lugares más recónditos en este caso de Brasil, a llevar la Buena Noticia de Jesús, por tanto por esta necesidad y en vista a que todos los bautizados son Iglesia se veía necesario que un no ordenado celebrara la palabra con sus hermanos de comunidad, con esto se daba paso a una visión de Iglesia circular, donde la realidad eclesial no necesariamente tenía que girar en torno al sacerdote, sino que la comunidad era un elemento fundamental, y ella misma podía con un ministro salido de su seno, compartir la Palabra de Dios en comunidad aún sin la presencia del sacerdote. Desde esta visión de Iglesia se promueve la participación e integración al servicio a todos los bautizados, el centro no necesariamente tiene que ser la jerarquía, porque esta está al servicio de la comunidad y no la comunidad al servicio de ella.
sábado, 12 de agosto de 2017
Homilía del Papa Francisco con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud.
¡Déjate sorprender por Dios!A continuación presentaremos un comentario de la primera homilía de nuestro querido Papa Francisco a propósito de la primera visita al Continente Americano con motivo de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud que tuvo lugar del 23 al 28 de julio del presente año, en Brasil. En dicho lugar, jóvenes de todas las latitudes del mundo se dieron cita para celebrar y llevar a los demás su fe con el lema: id y haced discípulos míos a todos los pueblos. La primera intervención del Sumo Pontífice, en dicha nación, fue en la ciudad de Aparecida, en la cual está ubicada la Basílica de Nuestra Señora de Aparecida, patrona del pueblo Brasileño. En este mismo lugar, en el año 2007, se realizó la V Conferencia Episcopal Latinoamericana y del Caribe.
En la primera Eucaristía el Papa hace una sencilla pero profunda exhortación dirigida no sólo a los jóvenes que se dieron cita en esta gran Iglesia, sino también a todos los cristianos presentes u ausentes.
En esta intervención, el Papa se refiere a tres elementos que tienen que ser característicos y propios del cristiano de hoy, que vive inmerso en un mundo que cambia constantemente, fruto de las distintas tecnologías y del fuerte auge de la globalización. Un mundo donde el cristiano de nuestros días tiene nuevos retos y a la vez la tarea de proclamar a un Cristo vivo.
Fe e Idolatría: ¿Somos Idólatras los Católicos?
Unas de las etiquetas mal usada en contra de nosotros los católicos es precisamente la de que somos idólatras, esto se debe a que hay un mal entendido entre lo que es adoración y veneración. Pues es curioso esa mala identificación o etiqueta a nuestra fe, ya que se nos enseña que tenemos un solo Dios Trino al que rendimos culto, y le adoramos.
¿Qué es adorar? La adoración es algo que se le debe sólo a Dios. Un culto de adoración es reconocer que Dios es creador y único. Por tanto a otro ser no se le reconoce como Dios.
La idolatría es reconocer que algo es Dios, o un dios, por ejemplo: una imagen, un animal, una cosa. Pensar que todo lo anterior es Dios o tiene poderes, es idolatría. La idolatría en pocas palabras, es poner en el lugar de Dios a una cosa o criatura.
Adorar otras cosas que no sea Dios, es una prohibición que viene desde el antiguo testamento, pues Dios es, fue y será siempre el mismo Dios celoso, pues él nos manda a no adorar ni hacer dioses falsos.Dios no prohíbe las imágenes, el problema está en convertir una imagen en un Dios.
A largo de la historia de la humanidad han ocurrido varios fenómenos en los que las personas hacen de las imágenes falsos dioses, le atribuyen poderes sobrenaturales, creen que incluso algunos animales son dioses tal es el caso del buey (Ex 31,4-5).
¿Qué es adorar? La adoración es algo que se le debe sólo a Dios. Un culto de adoración es reconocer que Dios es creador y único. Por tanto a otro ser no se le reconoce como Dios.
La idolatría es reconocer que algo es Dios, o un dios, por ejemplo: una imagen, un animal, una cosa. Pensar que todo lo anterior es Dios o tiene poderes, es idolatría. La idolatría en pocas palabras, es poner en el lugar de Dios a una cosa o criatura.
Adorar otras cosas que no sea Dios, es una prohibición que viene desde el antiguo testamento, pues Dios es, fue y será siempre el mismo Dios celoso, pues él nos manda a no adorar ni hacer dioses falsos.Dios no prohíbe las imágenes, el problema está en convertir una imagen en un Dios.
A largo de la historia de la humanidad han ocurrido varios fenómenos en los que las personas hacen de las imágenes falsos dioses, le atribuyen poderes sobrenaturales, creen que incluso algunos animales son dioses tal es el caso del buey (Ex 31,4-5).
EL PLAN DE DIOS SOBRE LA PERSONA HUMANA.
1.1.- En el principio Dios creó, y vio que era muy bueno
Siguiendo los relatos bíblicos descubrimos que Dios al crear lo hace todo “muy bueno” (Gn 1,3) Toda la creación salió de la mano de Dios ordenada y llena de sentido, todo en ella tiene su lugar y su razón de ser (salmo 103), y por tanto, buena y llamada a permanecer.
El mal, el dolor, el sufrimiento y la muerte, presentes en ella, no son obra del Dios creador: “… Porque Dios no hizo la muerte, ni se alegra con la destrucción de los vivientes. El lo creó todo para que subsistiera, las criaturas del mundo son saludables, no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo reina sobre la tierra, porque la justicia es inmortal” (Sab. 1.13-15)
El origen del mal es el pecado humano, el cual tiene su raíz en la acción libre del ser humano que se niega a seguir las orientaciones de su creador. Este constituye un “añadido fatal”, el cual está destinado a desaparecer para siempre.
El relato del paraíso constituye una prueba de la bondad del plan creador-salvador de Dios. Al colocar al ser humano en un paraíso de delicia, Dios está manifestando su deseo acerca del destino del ser humano y el resto de la creación.
La sagrada Escritura para hablar de la sublimidad con que fue creado el ser humano, afirma que fue hecho a “imagen y semejanza de Dios” y que se le dio poder sobre el resto de la creación (Gn. 1,26-27. Cfr. Salmo 8) La teología clásica ha explicado esta verdad de fe afirmando que el ser humano ha sido creado en “estado de justicia original”, dotado de tres dones: los naturales, los sobrenaturales y los preternaturales.
Los naturales son aquellos requeridos por la naturaleza humana en cuanto tal. Los sobrenaturales que consisten en la visión beatífica y la gracia. Los preternaturales son bienes no exigidos por la naturaleza humana en cuanto tal, pero perfeccionan al ser humano en su naturaleza subsanando en su ser “defectos naturales”, tales como: la muerte, el dolor, el cansancio, la enfermedad, etc.
Siguiendo los relatos bíblicos descubrimos que Dios al crear lo hace todo “muy bueno” (Gn 1,3) Toda la creación salió de la mano de Dios ordenada y llena de sentido, todo en ella tiene su lugar y su razón de ser (salmo 103), y por tanto, buena y llamada a permanecer.
El mal, el dolor, el sufrimiento y la muerte, presentes en ella, no son obra del Dios creador: “… Porque Dios no hizo la muerte, ni se alegra con la destrucción de los vivientes. El lo creó todo para que subsistiera, las criaturas del mundo son saludables, no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo reina sobre la tierra, porque la justicia es inmortal” (Sab. 1.13-15)
El origen del mal es el pecado humano, el cual tiene su raíz en la acción libre del ser humano que se niega a seguir las orientaciones de su creador. Este constituye un “añadido fatal”, el cual está destinado a desaparecer para siempre.
El relato del paraíso constituye una prueba de la bondad del plan creador-salvador de Dios. Al colocar al ser humano en un paraíso de delicia, Dios está manifestando su deseo acerca del destino del ser humano y el resto de la creación.
La sagrada Escritura para hablar de la sublimidad con que fue creado el ser humano, afirma que fue hecho a “imagen y semejanza de Dios” y que se le dio poder sobre el resto de la creación (Gn. 1,26-27. Cfr. Salmo 8) La teología clásica ha explicado esta verdad de fe afirmando que el ser humano ha sido creado en “estado de justicia original”, dotado de tres dones: los naturales, los sobrenaturales y los preternaturales.
Los naturales son aquellos requeridos por la naturaleza humana en cuanto tal. Los sobrenaturales que consisten en la visión beatífica y la gracia. Los preternaturales son bienes no exigidos por la naturaleza humana en cuanto tal, pero perfeccionan al ser humano en su naturaleza subsanando en su ser “defectos naturales”, tales como: la muerte, el dolor, el cansancio, la enfermedad, etc.
miércoles, 9 de agosto de 2017
La Eucaristía ¿Novedad o Rutina?
La fuente de la espiritualidad cristiana es el encuentro con Jesucristo. Y en particular, la eucaristía se convierte en el momento privilegiado por excelencia para este encuentro. En cada celebración somos testigos de la entrega total de Jesús a Dios y a los hombres. En ella “El Señor Jesús aparece, habla, se entrega en los dones de pan y vino. La misma iglesia se hace, más que nunca, “cuerpo de Cristo”. El Espíritu, Ruah de Dios y de Jesús, actúa, transforma, transustancia” . No obstante, al participar en las celebraciones eucarísticas constatamos con frecuencia cómo muchas personas no logran adentrarse en el sentido que comporta y nos ofrece cada celebración. Es decir, con facilidad la celebración llega a percibirse y vivirse como un encuentro repetitivo y cíclico, donde la rutina ahoga la novedad. Urge pues, recuperar y volver a la esencia de la Eucaristía, para desde esta compresión reformular nuestra participación y vivencia.
Para los seguidores de Jesús la Eucaristía es más que una celebración, es conmemoración, actualización y recepción. Conmemoración, porque al celebrarla recordamos toda la vida, muerte y resurrección de Jesús; actualización porque dichos acontecimientos de salvación que recordamos no se queda en el pasado sino que se hace presente en cada celebración a través de la mesa de la Palabra y de la Mesa Eucarística, a través del obrar del Espíritu Santo; y recepción porque nos hace beneficiarios de la gracia salvadora que se nos regala. En fin, la Eucaristía es la fiesta de la transformación, ya que transforma no sólo los dones eucarísticos en cuerpo y Sangre del Señor sino también nuestras vidas.
Para los seguidores de Jesús la Eucaristía es más que una celebración, es conmemoración, actualización y recepción. Conmemoración, porque al celebrarla recordamos toda la vida, muerte y resurrección de Jesús; actualización porque dichos acontecimientos de salvación que recordamos no se queda en el pasado sino que se hace presente en cada celebración a través de la mesa de la Palabra y de la Mesa Eucarística, a través del obrar del Espíritu Santo; y recepción porque nos hace beneficiarios de la gracia salvadora que se nos regala. En fin, la Eucaristía es la fiesta de la transformación, ya que transforma no sólo los dones eucarísticos en cuerpo y Sangre del Señor sino también nuestras vidas.
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